El transportista conoce el recorrido. Sabe de dónde sale el grano, hacia dónde va, cuánto puede demorar una carga y qué ocurre cuando empieza la zafra. Conoce los caminos, los tiempos de espera, los costos y las condiciones en las que se termina cerrando un flete. Desde el camión, la cadena se construye a partir de movimientos que se repiten y que quienes trabajan en el transporte conocen mejor que cualquier mapa.
El grano sale de una zona productiva, pasa por determinados puntos, llega a un destino y vuelve a empezar el recorrido. Año tras año, esos movimientos dibujan corredores. La información disponible sobre la cadena permite reconstruir buena parte de ese movimiento. Se puede observar la producción, seguir las exportaciones, identificar determinados actores, conocer la evolución de los volúmenes y aproximarse a los principales corredores.
Los datos permiten conocer cuánto grano se produce y cuánto se exporta. También permiten observar la dimensión de los negocios vinculados a esa producción e identificar a los principales exportadores. Esa información permite comprender la importancia económica de la actividad y seguir su evolución en el tiempo. Permite, además, reconocer determinados puntos de origen y destino y aproximarse a los principales flujos que sostienen el transporte carretero.
La información disponible alcanza para describir una parte importante de la cadena, pero deja fuera otra dimensión. Conocer los volúmenes movilizados y los actores vinculados a la producción y a la exportación permite observar la actividad. Todavía falta conocer cómo se organiza económicamente la contratación del transporte que hace posible ese movimiento. Esa diferencia empieza a cambiar la forma de mirar el mercado.
Un exportador puede tener una participación importante en las exportaciones y esa información, por sí sola, no permite determinar qué participación tiene en la demanda de fletes. La concentración exportadora muestra una parte de la cadena. La concentración de la demanda de transporte requiere observar otra relación, vinculada con quién contrata los servicios y qué peso tiene cada contratante dentro del conjunto de los fletes.
Para conocer esa estructura hacen falta otros datos. Cuánto transporte contrata cada demandante. Con cuántos transportistas trabaja. Qué volumen representa dentro de la demanda total. Cómo distribuye sus contrataciones entre corredores. Qué modalidades utiliza. Cómo cambia esa contratación durante el año. Esos elementos permiten pasar del volumen de la actividad a la estructura económica del mercado.
El transportista conoce el viaje. Conoce al contratante con el que negocia, el recorrido que realiza y las condiciones en las que presta el servicio. Esa experiencia permite conocer una parte del funcionamiento del mercado desde la posición de quien ofrece el transporte. La información cotidiana del sector aporta una visión directa de las condiciones en las que se desarrolla cada operación.
Mucho más difícil resulta conocer qué lugar ocupa cada contratante dentro del conjunto de la demanda. Una demanda distribuida entre muchos compradores presenta una estructura diferente de aquella en la que una parte importante de los fletes queda concentrada en pocos contratantes. Esa diferencia puede incidir en el poder de negociación, en las alternativas disponibles, en la capacidad de asignar cargas y en la forma en que se construyen las condiciones comerciales.
Por eso la concentración de las exportaciones tampoco permite concluir, por sí misma, cómo está concentrada la demanda de transporte. Son dimensiones relacionadas dentro de una misma cadena, pero responden a preguntas diferentes. El dato sobre las exportaciones permite conocer la participación de determinados actores en esa actividad. El dato sobre los fletes permitiría conocer la participación de esos u otros actores dentro de la contratación del transporte.
El informe presentado a la Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia parte de esa diferencia.
No busca afirmar de antemano que exista concentración de la demanda ni una conducta anticompetitiva. Busca obtener la información necesaria para determinar cómo está organizada la demanda de transporte carretero de granos y, a partir de esa información, evaluar la estructura competitiva del mercado.
Identificar quiénes demandan transporte permite delimitar el universo de compradores. Determinar cuánto contrata cada uno permite medir su participación. Conocer con qué transportistas trabaja permite observar cómo se distribuye la contratación. Analizar los corredores y la estacionalidad permite incorporar la dimensión territorial y temporal de una actividad marcada por ciclos productivos y movimientos concentrados en determinados períodos.
Con esa información será posible determinar qué estructura presenta el mercado y evaluar, con base en datos, las condiciones en las que se desarrolla la contratación del transporte carretero de granos. El recorrido del camión seguirá siendo el mismo. Lo que cambia es la información disponible para comprender quién organiza ese movimiento, cuánto representa cada contratante y cómo se distribuye la demanda dentro del mercado.