Quien construye un negocio en Uruguay, sabe que este país, cuesta.
Quien construye un negocio en Uruguay sabe, casi por instinto, que este país cuesta. Cuesta producir, cuesta contratar, cuesta exportar. No es una percepción: es una realidad que los números confirman año a año.
Uruguay acumula un encarecimiento relativo sostenido, con el tipo de cambio real 18% por debajo de su promedio histórico. Dicho de otra forma: somos más caros que lo que deberíamos ser, medidos en dólares, frente al resto del mundo. Y ahora el dólar cae.
El mundo vende dólares
2025 fue el peor año para el dólar estadounidense desde 1991. Las tensiones comerciales, las dudas sobre la política fiscal de Washington y el inicio de un ciclo de bajas de tasas por parte de la Reserva Federal empujaron al billete verde hacia abajo frente a las principales monedas del mundo.
Los grandes bancos internacionales proyectan que esa tendencia continuará, al menos durante buena parte de 2026.
Para muchos países, eso es una señal de alivio.
Para Uruguay, que ya cargaba con un peso caro, es una presión adicional sobre quienes exportan, sobre quienes compiten con productos importados, sobre quienes venden servicios al exterior. Cada vez que el dólar baja, el trabajo uruguayo, expresado en dólares, se encarece un poco más ante los ojos del mundo.
Una economía que frenó
El freno no es solo cambiario. El economista Ignacio Munyo, director ejecutivo de CERES, describió el panorama como "de estancamiento en lo productivo en general, con la economía sin crecimiento en la segunda mitad del año y con dudosa perspectiva de crecimiento para 2026".
Las empresas lo sienten. Una encuesta de KPMG Uruguay realizada a fines de 2025 sobre 104 empresas medianas y grandes reveló que el 58% espera un escenario igual al de 2025 para este año, mientras que el 29% anticipa un deterioro. Solo el 13% prevé una mejora.
Al consultar sobre los factores que más afectan la competitividad, los costos salariales encabezan la lista, seguidos por el atraso del tipo de cambio y la presión fiscal.
Son los mismos factores que pesan sobre una PyME, sobre un profesional independiente, sobre quien decidió apostar por su propio proyecto en lugar de esperar que otro lo convocara.
Lo que el tipo de cambio no resuelve
Sería tentador pensar que si el dólar sube, los problemas se alivian. Pero la competitividad de un país no se construye con el tipo de cambio: se construye con reformas, con menos trabas, con un Estado que acompaña en lugar de frenar.
Hay, sin embargo, una nota que no debe perderse. Uruguay avanza en su proceso de adhesión al Acuerdo Transpacífico y en el camino hacia la OCDE, abriendo puertas que antes estaban cerradas. Y el nuevo decreto que actualiza el régimen de promoción de inversiones amplía los beneficios fiscales para mipymes, eliminando topes que antes las excluían y otorgando exoneraciones adicionales de IRAE. Son señales concretas, aunque insuficientes por sí solas.
Lo que sí depende de vos
El dólar no lo decidís. La política monetaria tampoco. Lo que sí está en tus manos es cómo posicionás tu negocio en este contexto: si diversificás mercados antes de necesitarlo, si revisás tu estructura de costos mientras todavía podés, si apostás a la tecnología, que hoy nivela el campo de juego más que cualquier tipo de cambio, o si esperás que el viento cambie de dirección.
Quienes construyen sin esperar condiciones perfectas son, casi siempre, quienes llegan primero cuando las condiciones mejoran.